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Y es que en materia de salud humana nunca es fácil asociar la cura de un padecimiento -en vez de medicamentos- a taladros, martillos, máquinas de coser, tornillos y piedras esmeriles. Sin embargo, el tratamiento ortopédico distingue en la Medicina por ciertas “maniobras de mecánico” que exigen del especialista habilidad manual, pericia tecnológica, y cómo no, la elevada sensibilidad del oficio médico.
No es grande el local, más bien estrecho, y ya desde sus dimensiones se comprende que debe ser meritoria la labor de un colectivo de 36 hombres y mujeres, capaces de fabricar en un mes hasta 600 aditamentos ortopédicos para igual número de pacientes de toda la provincia, territorios vecinos, y otras regiones del país.
“De Villa Clara, Holguín y Santiago de Cuba llegan aquí los pacientes o familiares, en busca del artificio necesario cuando no lo encuentran en sus lugares”, destaca Dioversis García, director del centro.
“Solo de Granma recibimos personas de 188 entidades asistenciales distribuidas en la extensa y complicada geografía de la provincia, y agréguesele que aunque la Ortopedia predomina, aquí satisfacemos demandas afines de siete especialidades médicas”, dijo.
El complejo proceder y la dedicación requerida resaltan cuando se sabe que hacen 150 tipos de aparatos, y ninguno sale de una producción en serie, sino “responden a la prescripción médica que trae el paciente o el familiar del afectado; a quien habrá que tomar las medidas dónde esté: en el hospital, el hogar, un caserío montañoso; luego fabricarlo en el laboratorio, y después probarlo, corregirlo y entregarlo.
“De esta forma, cada paciente multiplica por tres los servicios, pero atendiendo a la lejanía de muchos, nos hemos empeñado en reducir las visitas a dos momentos, para que la prueba, corrección y entrega se logren el mismo día. Además, el tiempo medio entre la solicitud y la venta es de solo tres días”, precisó Dioversis.
OTRA LECCIÓN DE LA PLANIFICACIÓN
Reconfortante fue conocer in situ la realidad del taller, pues llegó allí motivado por una carta de un paciente, que argumentó no haber sido atendido debido a un sobreconsumo de electricidad.
El director explicó a este rotativo que la mala planificación, realizada desde un buró en La Habana; provocó que fuera insuficiente la corriente otorgada al centro en los meses de enero y febrero.
“A mediados de 2011 mandamos la demanda del laboratorio, basada en un meticuloso estudio de consumo, equipo a equipo y por cada área, que definió una necesidad mínima de 32 kilowatts hora diarios; pero la solicitud se desconoció y los planes se ajustaron según los del año anterior, muy inferiores a los requerimientos actuales”, criticó Dioversis.
“En tanto resolvíamos el problema, hoy ya despejado, laboramos en condiciones extremas para garantizar lo mejor posible la confección de artificios; pero la falta de energía causada por un error previsible nos complicó, y aunque seguimos recibiendo solicitudes a fin de evitar molestias, estas fueron ineludibles, por ejemplo, en el hecho de demorar la fabricación hasta nueve días.”
La visita constató que no existe derroche. “Tenemos un riguroso programa de ahorro, definido por departamento”, señala el especialista Alexander Tamayo. “Cuando estuvimos apretados dejamos el poquito de energía para los equipos, que aunque de bajo consumo, son varios.
“Aquí todo es a base de electricidad: máquinas de coser, fresadoras, sinfines, taladros… y solo con ellos se pueden hacer los cientos de fajas, corsés, férulas, correctores, prótesis y otros artificios necesarios a niños y adultos, víctimas de traumas por accidentes o deformaciones congénitas o adquiridas.
“Sabemos que no salvamos vidas, y la mayoría de los casos no son de urgencias -agregó Tamayo-, pero hay situaciones delicadas que sí exigen rapidez en la confecci&´n del aditamento, como el cáncer de columna y la fractura de cadera en las personas geriátricas. El flujo de solicitudes es tan grande, que una semana sin producir por déficit de energía, puede significar hasta 20 días de atraso en la entrega.”
Solucionado el “bache” de inicios de año, en el laboratorio granmense confían en que la mala planificación no vuelva a parar máquinas y demorar servicios; pues si los recursos no han faltado, y la voluntad y destreza productiva son allí cualidades invariables, nada más justifica que se ponga obstáculo a un taller, cuya única recompensa llega cuando el niño recupera el paso firme, el anciano vuelve andar, o la columna afectada ayer, permite hoy la postura erguida y elegante.
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