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USO INDEBIDO DE LAS DROGAS
PILÓN, Granma_ Recordar los últimos días de mayo de 1997 todavía exaspera a Alezaida Rosabal Díaz. El sobresalto que aún después de 15 años le provoca la incertidumbre por la vida de su esposo, le dura breves minutos; pero luego la rabia le convierte el gesto en ceño fruncido y puños crispados.
Alejandro Navea, salvavidas del hotel Marea del Portillo, ayudaba a un lanchero a descargar víveres para el turismo en Cayo Blanco, cuando tres individuos antisociales los sorprendieron, secuestraron la lancha con ellos a bordo, y los condujeron a punta de pistola hasta Jamaica.
“Supe de él 15 días después, cuando Alejandro regresó de aquel país. Ya lo había dado por muerto, y junto a los dos niños sufrí mucho la supuesta pérdida”, relata Alezaida.
“Cuando conocí lo sucedido, el dolor se transformó en una furia que todavía hoy no puedo controlar al recordar el hecho. Desde entonces juré participar de una manera más directa en la defensa de nuestra nación, y enseguida encontré la oportunidad en el enfrentamiento a la penetración de drogas por la costa.”
JURAMENTO CUMPLIDO
Las características marinas del suroriente cubano lo convierten en un litoral muy activo en los casos de recalos de estupefacientes, procedentes de las operaciones ilegales de tráfico internacional, y particularmente el municipio de Pilón es uno de los puntos a donde con mayor frecuencia llegan los paquetes.
Conocedora de esta realidad, no había pasado un año del peligroso episodio de su esposo, y ya Alezaida era colaboradora permanente del Puesto de Guardafronteras de Pilón. Así ha sido durante años, sin embargo, una peculiaridad le distingue el valor y la resolución.
“Muy atrevidos –afirma- fueron esos bandidos del secuestro. Por eso no me conformé solo con caminar la costa, y decidí extender mi búsqueda directamente en el mar, para que ni lleguen a tierra los paquetes.”
Sin duda, es asombroso observar a esta mujer salir de su casa con el sol, y en un bote a fuerza de remos, alejarse algunas millas con rumbo al horizonte. Admira profundamente la muchacha que casi todos los días, “excepto cuando el tiempo está muy malo o hay que hacer operativos en tierra”, comparte la ruda faena de la pescadora con la de vigilante celosa; mientras en casa todo quedó ordenado, y a su llegada algo le habrá adelantado su pareja.
“Mi trabajo no afecta la atención a la familia, sobre todo porque mi esposo y mamá me ayudan mucho con mi hijo -discapacitado de 19 años- y en los quehaceres hogareños. Al salir temprano dejo la casa organizada, y a mi regreso solo debo terminar algunas cosas.”
La actitud ejemplar de Alezaida conminó a muchos a sumarse, y como resultado, el año pasado constituyeron formalmente el destacamento cederista Mirando al Mar de la cabecera municipal, dirigido por ella, integrado por otros 21 miembros, incluidas 15 féminas.
De las mujeres, Alezaida es la única que se aventura al mar, y por ende, sabe al dedillo cómo proceder. “Cuando descubro algún paquete, enseguida suspendo la pesquería, lo aseguro subiéndolo con cuidado al bote, y si hay una embarcación cerca, sin permitir contacto con la carga, solicito ayuda para llegar rápido al Puesto de Guardafronteras, donde se realizan los pasos pertinentes.
“No puedo decir con exactitud las veces y la cantidad que he hallado, porque perdí la cuenta. Uno de los últimos tenía 46 kilogramos de marihuana; aunque ningún año ha sido más intenso que el 2001, cuando acopiamos tanta cocaína que me provocó alergia.
“La recolectamos bajo relámpagos y con mucha lluvia. Se detectó el primero de varios paquetes pequeños, bombardeados por una avioneta, que se regaron a lo largo del litoral, enredados en el mangle y el sargazo. Luego salimos a buscar, bajo mucha tensión y esfuerzo, el que flotaba todavía en el mar.
“Ese fue uno de los momentos que demostró la necesidad de tener valor para esta actividad. El clima no siempre es bueno. En tiempos de ciclón también hemos tenido recalos, y ni aún con el mar picado abandonamos la tarea.
“Por otra parte, hay que sentir confianza en sí mismo, y sobre todo, amar profundamente a la Revolución y al pueblo.”
CUIDAR EL FUTURO
Vinculada de un modo tan cercano y cotidiano al tema de las drogas, Alezaida confiesa que sus hijos sí le preocupan.
“Me preocupan tanto como cada uno de los jóvenes que quedan expuestos al peligro, si algún paquete penetrara al país y llegara a manos de gente inescrupulosa.
“Sin embargo, ellos están concientes de la grave amenaza que es la droga, y el varón de 19 años –la hembra estudia medicina transfusional-, comparte conmigo la labor educativa cuando voy a los barrios a conversar con las nuevas generaciones. También pertenezco al grupo de prevención del municipio y soy miembro del comité municipal de la FMC, y desde esas funciones promuevo el intercambio frecuente, porque siento que todos los jóvenes son mis hijos.
“Así son mis días, algo rutinarios y no pocas veces sola; pero nunca cejaré, por lo menos hasta que existan recalos. Si dejaran de ocurrir, entonces buscaré otra rutina que signifique defender esta Isla. Nadie jamás me hará flaquear en ese propósito.”
Termina Alezaida hablando de Celia Sánchez, “que vivió mucho tiempo en Pilón, y tenía una embarcación para irse a pescar, mientras pensaba cómo combatir la injusticia de su tiempo. Es muy grande la diferencia, pero me siento su seguidora. Quisiera que hubiera siempre otras muchachas que hagan algo por defender a nuestro país, y nunca se acaben las historias ejemplares de la mujer cubana.”
Y atrasada por la entrevista, con el sol más alto que de costumbre, salió otra vez al mar con proa al horizonte, a inundarse de azul los ojos insomnes; que no descuidan las artes de pesquería, pero a ratos se levantan para escrutar, celosos de su Patria, las olas rumbo a la costa.
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